miércoles, 9 de diciembre de 2015

BELÉN PARROQUIAL

Ya está bendecido el tradicional belén parroquial, el cual está instalado junto a la entrada principal de la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario. Estará expuesto durante estas fiestas, en los horarios de apertura habituales de la parroquia.

sábado, 26 de septiembre de 2015

ROMERÍA DE LA HDAD. DE NTRA. SRA. DEL ROSARIO

Recordamos a todos nuestros hermanos y devotos de Ntra. Sra. del Rosario Coronada, que mañana celebraremos la a Romería con la imagen de la Santísima Virgen. La misa de romeros se iniciará a las 9.30, presidida por D. Carlos Acosta Romero, director Espiritual de la Hermandad. A  continuación se iniciará el camino hacia el esparragal. Esperamos que seáis muchos los que nos acompañéis, en este día tan especial para todos.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Reparto de puestos y Tallaje de portadores

Buenos días.

Durante los próximos días 23, 24 y 25 de septiembre, la hermandad de Ntra. Sra. del Rosario Coronada, realizará el reparto de puestos para la procesión del día 7, así como el tallaje de hombres de trono.
El reparto de puestos (monaguillos, estandartes, misterios del rosario, etc...) sera en el horario de 19 a 21 horas. El tallaje de hombres de trono, será de 21 a 22.30 horas. Todo ésto se realizará entrando por la sacristía de la parroquia, que recordamos que es por la puerta izquierda de la parte de atrás de la iglesia.
Si conoces nunca has sacado a la patrona o conoces a alguien que le gustaría salir ése día, no dudes en comunicarselo.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Pregón de Ntra. Sra. del Rosario

Recordamos que esta noche a las 20.30, tendrá lugar el pregón en honor de nuestra patrona. Será a cargo del Canónigo de la S.I.C.B. De Málaga, el Rvdo. D. Ildefonso López Lozano, el cual será presentado por el párroco de la iglesia del Rosario, el Rvdo. D. Carlos Acosta Romero

lunes, 14 de septiembre de 2015

PREGÓN DE NTRA. SRA. DEL ROASARIO CORONADA

Buenos días.

Les informamos que el próximo sábado 19 de septiembre de 2015, a las 20.30 h. tendrá lugar en la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario, el XIII Pregón Mariano en honor de nuestra sagrada titular, el cual correrá a cargo del Rvdo. D. Ildefonso López Lozano, Canónigo de la S.I.B.C. de Málaga.


viernes, 11 de septiembre de 2015

PRESENTACIÓN DE ACTOS DEL ROSARIO

El próximo domingo 13 de septiembre tras la misa de 12.30 en la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario, se presentará el cartel cada año la Hermandad de Ntra. Sra. del Rosario Coronada, edita con motivo del pregón mariano de cada año. Ahí se desvelará la imágen del carte, así como el nombre del pregonero.

lunes, 6 de julio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Del deseo de afectos desordenados e impuros, líbrame Jesús

No vivimos encadenados a un cuerpo que sólo pide desaforos contra la voluntad de Dios. En la medida en que somos hijos de Dios, así es nuestra libertad. El problema está en cómo ejerzo mi libertad, dónde pongo el corazón y el entendimiento para ser aún más libre. Perdemos de vista que es uno mismo el que elige, el que toma decisiones constantemente, el que, ante una situación concreta, hace un juicio u otro. Esto ocurre todos los días, y a todas horas. Los demás, las circunstancias, el ambiente, no son excusas que nos impiden realizar actos buenos o responsables. El ambiente influye, y mucho. Pero, en último término, soy yo el que, en mi conciencia y en mi actuación, doy el paso definitivo.
Por tanto, ¿qué medios pongo, en mi día a día, para que lo que me afecte esté dirigido a la gloria de Dios? ¿Hago oración todos los días? ¿Rectifico la intención cuando algo no sale conforme a lo previsto? ¿Acudo con frecuencia al sacramento de la confesión? ¿Hago todas las noches un breve examen, ante la presencia de Dios, de cómo ha sido ese día? ¿Procuro adquirir un pequeño propósito para el día siguiente, aunque sólo se trate de un detalle de convivencia? He de vivir en esta vela interior, para no dejarme atar por afectos desordenados, o por la impureza interior de los pensamientos, porque el corazón siempre necesitará un asidero en el que depositar sus querencias, aunque no sean las de Dios.
Poner nuestro corazón en sintonía con Dios, nos evitará desperdiciar el tiempo y la cabeza en apegos de los que, tiempo después, nos arrepentiremos. Así vivió la Virgen, y así llevó hasta las últimas consecuencias aquel «sí» con el que entregó su corazón enteramente a Dios. Pídele cada día su protección materna, para que guarde la pureza de tu corazón y de tus intenciones.
INDEFENSO

viernes, 3 de julio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

La paternidad de Dios

Cuando la gente se pregunta dónde está Dios en aquellos que pasan hambre, mueren victimas de los desastres, soportan injusticias… lo único que hay que responderles es que Dios sufre con ellos. A pesar de que la lógica humana se rebela ante el supuesto silencio de Dios, si hay alguien que va en “volandas”, somos tú y yo. Él padece si tú sufres, Él llora si tú estas triste… Cuando experimentas en tu vida cuánto te quiere Dios, entonces puedes mostrar a los demás ese rostro amable de un Padre que te abraza en todo momento… ¡siempre!
¿Cómo convencer a todos que en cada sufrimiento humano hay una caricia de Dios? Sólo en la “gimnasia” espiritual del día a día, esa pequeña renuncia, ese sonreír ante una contradicción, esa amabilidad ante un desagradecimiento… seremos capaces de descubrir el verdadero rostro de Cristo cuando, humillado y cargado con la cruz, se vuelve a nosotros, como a esas mujeres del via crucis, para darnos consuelo. Es la ternura que recibimos de Dios cuando humanamente parece que todo son reproches. ¿No ves que Jesús te está uniendo a su misma vida corredentora, en esa cruz tuya, que es de la misma madera en la que Él murió?
Lo nuestro no es pedalear en el aire engaños de nuestra imaginación. Nosotros, en esa conciencia de ser hijos de Dios, alcanzamos la realidad de las cosas en la alegría de la cruz. Esta es la mayor manifestación de la paternidad divina: identificarnos con los mismos sentimientos de Cristo Jesús, Hijo de Dios, hermano nuestro.

jueves, 2 de julio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón fuerte de Cristo, ruega por nosotros

Quisiste conocer íntimamente nuestros límites y debilidades. Abrazaste todo lo nuestro, menos el pecado, cuando abrazaste, en el seno purísimo de María, nuestra naturaleza humana, tan frágil y miserable. Quisiste vivir en la debilidad de nuestra carne para hacerla fuerte y digna de ser morada y templo de tu gloria. Amaste hasta el extremo nuestra pequeñez y te entregaste en la Cruz por ella, sólo porque querías levantar nuestro corazón caído en los brazos de tu infinita misericordia, hasta el rostro del Padre.
Corazón fuerte de Cristo, que aceptaste con el silencio del amor tantas incomprensiones, burlas, fracasos, abandonos y soledades. Tú, que tanto te consolaste en la fortaleza de tu Madre, que tanto apoyo buscabas en los que sabías que te podían traicionar o abandonar, quieres ser para mí fuerza y roca de mi vida. He de aprender a encontrar en Ti, en la fuerza de tu Cruz, el ánimo y la fortaleza para ofrecer a Dios y abandonar en su providencia tantos sinsabores, sufrimientos y penas, que llenan mi día a día. Cuántos momentos de debilidad, de desánimo, de fracaso interior, de desesperanza, de sinsentido, que inutilizan y ahogan mi entrega diaria a Dios y que, sin embargo, Tú ya abrazaste allí, en lo alto de la Cruz. Mi única fuerza ha de ser sólo ese Corazón de Cristo, tan enamorado de mi debilidad y tan omnipotente para transformar todo ese polvo y barro de pecado que tanto me humilla. No quieras apoyarte sólo en la autosuficiencia de tus propios méritos y esfuerzos; tampoco pienses que otros pueden asegurarte el ánimo y la fortaleza que necesitas para la vida. Sólo con la fuerza de Dios tienes asegurada la victoria más difícil, ante ese enemigo tan sutil que es la aceptación de uno mismo.

lunes, 29 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón providente de Cristo, ruega por nosotros.

Si tu mano paterna no cesa de alimentar a las aves del cielo, de acariciar la gloria de los lirios del campo (cf. Mt 6,25ss.), de revestir de hermosura la creación más insignificante, ¿cómo puede ser que mis ojos no descubran tu gracia solícita detrás de todos los recodos de mi existencia? Nada escapa a tu acción providente, nada hay que Tú no conozcas y permitas y, sin embargo, yo sigo empeñado en gobernar mi vida subido en el trono de mi autosuficiencia. Los agobios, dolores, imprevistos o preocupaciones serían distintos si los viviera con una mayor conciencia de ser el hijo amado y predilecto de este corazón providente de Cristo. ¿No conoce Él ya todos mis afanes, mis límites, mis posibilidades? ¿No sabe Él mejor que yo lo que más me conviene para mi bien espiritual? ¿Por qué, entonces, esas impaciencias, tristezas, enfados, prisas y pesimismos ante acontecimientos imprevistos o situaciones que me superan? La serenidad de ánimo y la paz interior son el sello que distingue a los que se apoyan sólo en el sólido fundamento de la fe en la mano providente de Dios.
Tu providencia sostiene mi vida, como madre vigilante y solícita, que lleva en brazos la fragilidad del hijo pequeño. Nada escapa a tu mirada y a tu acción, pero sin violentar el tesoro de mi libertad. Tu Corazón providente se adelanta siempre a mis deseos y preocupaciones, aunque muchas veces no vea ese amor solícito de Padre, tras las apariencias difíciles y contradictorias. En ese amor providente he de saber descansar, confiando a esa mano solícita cada momento de mi existencia. Los lirios del campo y las aves del cielo no saben de ese amor que les viste y les sostiene y, sin embargo, hablan de la gloria divina que reciben. Tú vales más que los lirios y las aves, pues la gloria de Dios habita en ti.

sábado, 27 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón de buen pastor, ruega por nosotros.

Conoces íntimamente a tus ovejas, a cada una la llamas por su nombre, das la vida por ellas. En cada acontecimiento inesperado o aparentemente absurdo, en cada dolor, fracaso o sufrimiento, en todos los instantes de mi jornada, eres siempre el Buen Pastor, que me busca solícito para llevarme sobre sus hombros y recorrer conmigo el camino de mi vida. Corazón de Buen Pastor, que no escatimas deseos, amores y gracias, con tal de atraer hacia Ti un poco del amor y correspondencia de tus ovejas. ¡Cómo me cuesta adelantarme a las necesidades de los demás! ¡Cuánto me molesta e incomoda estar disponible para servirles sin medida ni regateos, para acompañar sus agobios y soledades, para calmar sus heridas! ¿Cómo no ofrecer mis hombros para que otras ovejas, todos los hombres, descansen en ellos y se apoyen en mí, para ayudarles a seguir caminando juntos hacia el Padre? Hay todavía muchas ovejas que no son de este redil y que esperan de ti que seas su cayado y pastor.
Has de conocer la voz de este Buen Pastor, si no quieres desviarte por caminos equivocados. Tantos lobos están siempre acechando, esperando el momento idóneo y buscando el modo más sutil de robarte el alma. No quieras separarte del redil de la Iglesia, pues es la Esposa quien mejor conoce la voz inconfundible del Esposo. Corazón de Buen Pastor, que cuidas los apriscos donde resguardar el alma y conoces los verdes pastos donde me llevas a descansar. Sólo siendo tu oveja podré ser para otros pastor y cayado y llevar en mis hombros las cargas de tantos hermanos, que sufren sin la fuerza de Dios. En el redil de tu Corazón entrañable quisiera yo descansar, viendo en tus divinos ojos el amor vigilante de quien conoce y abraza cada una de sus ovejas.

jueves, 25 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón martirial de Cristo, ruega por nosotros

“Tengo por cierto que los padecimientos de esta vida presente no son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros” (Rm 8,18). Se habla poco de martirio y, sin embargo, el día a día de nuestra vida está cuajado de oportunidades pequeñas y escondidas en las que poder entregar la propia vida para dar testimonio de Dios. Mi bautismo me impele a ser testigo de Cristo con el testimonio constante y discreto, a veces oscuro y desapercibido, de mi vida martirial cotidiana. Corazón martirial de Cristo, que en cada segundo de tu existencia, en cada gesto, en cada palabra, en cada actitud, fuiste entregando tu vida como testigo predilecto del Padre, y llevaste esa ofrenda hasta el culmen de la Cruz. ¿Cómo puedo contemplar la Cruz y, a la vez, conformarme con un Evangelio fácil y amorfo, libre de trabajos, dolores y dificultades? ¿Cuándo aprenderé a amar la Cruz y vivir en ella esa dimensión martirial tan propia y definitoria de mi fe?
Hasta que no aprenda a morir a mí mismo, a mis faltas y pecados, no comprenderé la Cruz, ni el martirio. Has de saber dar tu vida por Dios, en cada instante de tu jornada, en las incontables ocasiones que te salen al paso. No sueñes con una entrega martirial, que quizá nunca vendrá, cuando no estás dispuesto a dar ese poco de tí mismo, que te pide Dios en lo pequeño. Hay muchas formas y ocasiones de dar nuestra vida por Dios, pero siempre has de buscar sólo su gloria, si quieres que esa entrega sea fecunda. El primer mártir del Padre fue Cristo, que aprendió a dar su vida recibiéndola de su Madre María. No quieras ir tú por caminos diferentes de los que enseña el Evangelio y, ya que algún día la vida te será arrebatada, entrégala ya desde ahora en manos de Aquel que es su único dueño.

martes, 23 de junio de 2015

XIII ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN CANÓNICA DE LA STMA. VIRGEN DEL ROSARIO CORONADA

Como es habitual cada año y con éste son ya trece, celebramos eucaristía en honor de nuestra Sagrada Titular, la Santísima Virgen del Rosario en su Aniversario de la Coronación Canónica. La Santa Misa será (D.M.) el próximo sábado día 27 de junio a las 20.30 h, comenzando el rezo del Santo Rosario sobre las 20.00 h. Esperamos que todos los hermanos y devotos nuestra patrona acudan a celebrar ésta efeméride tan especial para toda Fuengirola.

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón apostólico de Cristo, ruega por nosotros

“Que el mundo conozca que Tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí” (Jn17,23). El Padre nos entregó para siempre a Cristo, su verdadero Apóstol. Como una madre lleva a su criatura, como un padre cuida de su hijo, así nos lleva y nos cuida Dios, hasta que los suyos, nosotros, conozcamos que el Padre nos ama como ama a su Hijo unigénito. Si no me importan las almas es que no me importa mi Dios. Si no vivo mi apostolado como algo que debe atravesar en profundidad cada minuto de mi jornada y de mi actividad es que todavía no he empezado a latir al unísono con el corazón apostólico de Cristo. Corazón entregado hasta el extremo a los hombres, a todos sin excepción, a cada uno de manera personal, a mí. Mientras no me duela el mundo sin Dios, mientras siga posponiendo mi entrega apostólica a mis múltiples y legítimas excusas, mientras siga optando por un cristianismo ramplón, mediocre y conformista, las almas seguirán esperando que alguien, tú y yo, les acerque a Dios, y Dios seguirá esperando que alguien, tú y yo, correspondamos a su gracia y extendamos a todos la eficacia salvadora de la Cruz de Cristo.
No nace el apostolado donde no hay mucha vida interior y mucha contemplación de Aquel a quien tenemos que anunciar. Corazón apostólico de Cristo, que no escatimas esfuerzo  por acercarte a mi vida y entrar en mi alma, que te das sin medida a cuantos te buscan y se te acercan. Me envías en tu nombre, como Tú fuiste enviado en nombre del Padre, para que todos los hombres entren por caminos de salvación. En tu Corazón entregado aprendo yo a llevar, en el seno de mi oración, la vida de aquellos que Tú me has confiado. Por ellos, por Ti, he de saber entregar mi vida, sin esperar a que otros hagan lo que a mí se me pide.

viernes, 19 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón de Jesús, predilecto del Padre, ruega por nosotros

Aquel día en el Jordán, mientras salías del agua y se abrían los cielos, el Padre proclamó que, desde siempre, Tú eras su Hijo amado, aquel en quién Él tiene todas sus complacencias. Corazón de Hijo amado, en cuya eterna predilección también el Espíritu se recrea. Corazón predilecto, que asocias a tu eterno misterio la nada y la pequeñez de mi vida, amadas desde siempre con dilección única y exclusiva. ¡Cómo no amarte a Ti, y sólo a Ti, en todo y en todos, aunque brillen espejismos de tantos otros amorcejos, que cargan de lastre inútil el verdadero amor! Cuánto cansan las criaturas, cuando no te ofrezco la indiferencia, la incomprensión, la ingratitud, el olvido, el egoísmo o la soberbia repletas de un amor único y exclusivo a Ti, sólo a Ti. Cómo se va enfriando mi correspondencia cuando dejo que el pecado, la mediocridad, la tibieza o la comodidad empañen ese amor que te debo a Ti, por encima de todas las cosas. Y cómo reclama el corazón aquello más suyo y más íntimo, tu amor de predilección, cuando se derrumba vacío ante las cosas y las personas que no llenan.
Yo también soy tu hijo predilecto. Así me amas y aceptas, como aquel que me tiene tanto amor que da la vida por mi. Así debería yo amar a todos, como hijos predilectos de ese Padre de los cielos, que tiene en ellos todas sus complacencias. Tu predilección de Padre colma todos esos deseos recónditos que alberga el alma. Corazón predilecto de Jesús, que tienes en mi todas tus complacencias, por encima de tanta limitación y pecado. Dáme ese sentir de hijo, que busca evitar todo aquello que ofusque y empañe tanto amor de Padre. Que en ese Corazón tan amado busque yo toda mi complacencia y mi descanso, buscando darle toda mi correspondencia.

lunes, 15 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón obediente de Cristo, ruega por nosotros

Obedeciste a la voluntad y al querer del Padre hasta la muerte y una muerte de cruz. Obedecías siempre al Espíritu Santo, que internamente alentaba y ungía de divinidad cada uno de los momentos de tu existencia. Obedeciste a José, en cuya paternidad Dios Padre descansaba complacido. Obedeciste a María, de quien recibiste, en lo humano, toda tu forma y figura. Obedeces a la Iglesia esposa, como el esposo que sigue entregándose hasta el extremo. Obedeces al sacerdote, con esa docilidad y mansedumbre que sólo un amor de proporciones divinas es capaz de explicar. Tú siempre sumiso e inclinado a la voluntad ajena, mientras mi vida transcurre doblegada ante el trono de mi propio querer y voluntad, apuntalando más y más mi propio «yo», con buenas dosis de soberbia. Siendo Dios, tuviste que enseñarme a ser hombre, precisamente la noche de Getsemaní, cuando el amor te arrancaba aquel “…mas no se haga mi voluntad sino la tuya”.
Cuánto me cuesta inclinar mi querer y mi voluntad ante las circunstancias que no entiendo o me sobrepasan. Cuánta resistencia a obedecer, no con la resignación de un soldado sino con el espíritu y las actitudes de Cristo, a todos los que tienen alguna autoridad sobre mí. La clave de tu obra redentora fue tu obediencia sin límites al querer del Padre, mientras yo me invento mis propios caminos de salvación, centrados en mi propio capricho y voluntad.
Corazón obediente de Cristo, que te humillaste hasta el extremo de la Cruz y pasaste por el anonadamiento del sepulcro, para enseñarme a mí el valor de la obediencia a Dios, a través de los cauces humanos de la autoridad. Que no sea esclavo de mí mismo, claudicando ante el imperio de mi propio criterio y querer, pues amas más la obediencia del hijo que la tiranía de mi voluntad.

domingo, 14 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón eucarístico de Cristo, ruega por nosotros

¡Cuántos eternos anhelos, escondidos desde siempre en el corazón trinitario de Dios, se vieron colmados y satisfechos aquella tarde en el cenáculo de Jerusalén! ¡Cuántos deseos ocultos, cuántas aspiraciones profundas depositó el Señor en aquel cuerpo que se entregaba en la Última Cena! Corazón eucarístico de Cristo, tan enamorado de mi pobre y caduca humanidad, que quisiste compartirla hasta el final de los tiempos, haciéndote comida de inmortalidad. Compañero y confidente de amores y soledades, sed ardiente que buscas ese poco de mi vida donde poder crucificarte, te haces mi altar y mi pan para que yo ofrezca contigo al Padre mi Eucaristía de todos los momentos y de todos los días. Carne eucarística traspasada de amores, bella y hermosa por su callado anonadamiento, carne en la que adoro aquel seno virginal y materno de María que te entregó al mundo.
“Te adoro con amor, divinidad oculta, verdaderamente escondido bajo esas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo y se rinde totalmente al contemplarte”. Quisiera hacer de la Eucaristía el centro y motor de mi vida. Quisiera necesitarte más, desearte más, en ese poco de pan y de vino, sin los que no podría dar sentido a cada una de mis jornadas. Cuántos momentos de Eucaristía, de ofrecimiento, de acción de gracias, de súplica y de intercesión, alientas silenciosamente en mi alma, en el ruidoso trajín del día a día. Corazón eucarístico de Cristo, que desde siempre deseaste unirte a mí, en la comunión de cada una de mis Eucaristías.
Corazón eucarístico, que lates al unísono con el corazón de tu esposa, la Iglesia Madre, que lleva en su seno el pan de la Eucaristía. Dame hambre y sed de Ti, para que no encuentre ya gusto en las apariencias amargas y desabridas de este mundo.

sábado, 13 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón pobre de Jesús, ruega por nosotros

Lo diste todo. Hasta despojarte de tu condición divina y tomar la condición de siervo (cf. Flp 2,7). Te hiciste el más pobre de los hombres sólo porque así quería el Padre que se operase la redención. ¡Cuánta pobreza y cuánta nada en aquel seno virginal de María! ¡Qué corazones tan pobres los de aquellos apóstoles que iniciaron la Iglesia! ¡Cuánta pobreza y cuánto despojo en la Cruz! ¡Cuánta pobreza en las manos del sacerdote que te ofrece en la Eucaristía! Y, sin embargo, sólo en esa pobreza encuentras tu delicia y puedes manifestar tu omnipotencia.
Corazón pobre y libre de Jesús, que tanto amas la pobreza de mi vida, no dejes que me esclavice la avaricia de mi propio «yo», ese tesoro podrido y sin brillo que no estoy dispuesto a dejar perder. Cuántas ambiciones humanas, cuantas posesiones inútiles, cuántos apegos y seguridades, cuántas compensaciones, que enredan el corazón y lo atan, como grilletes, a los oropeles y bagatelas engañosas de la propia honra. No quiero entender que las obras de Dios nacen sólo allí donde hay mucha desnudez y pobreza interior. Y se me pasa la vida en ambicionar esas migajas de honra, buena fama y poder, que me hacen aparentar ante los demás lo que no soy, sólo por esconderme ante mí mismo los defectos y limitaciones que no me gustan.
Mi pobreza es el trono de la misericordia de Dios, pero yo me empeño en triunfar agarrándome al pedestal de mi autosuficiencia. Corazón pobre de Jesús, cuya única ambición era la gloria de Dios y el amor al hombre, enseñame a desprenderme del lastre de mis ambiciones, egoísmos, intereses personales, que tanto obstaculizan la acción de Dios en mi vida. En mi pobreza espiritual tendré siempre mi mayor riqueza, aunque los ojos del mundo no sepan apreciar el brillo de esa nada.

viernes, 12 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Hoy celebramos el Purísimo corazón de Cristo, ruega por nosotros

Sólo un amor llenaba tu Corazón: el Padre. Sólo un deseo ardiente impulsaba cada uno de los latidos de tu ser: la voluntad del Padre. Y sólo una fuente, un motor que lo movía todo, el Espíritu Santo aleteando dentro de ti, ungiendo sin cesar cada uno de los rincones de esa carne continuamente ofrecida y consagrada al Padre. Toda tu virgínea pureza no podía sino ser expresión, en lo humano, de esa divinidad, que se ocultaba en aquel cuerpo virginal y en aquel corazón tan puro y transparente. Toda la plenitud de ese amor al Padre, al que no negaste ni una gota de entrega y de correspondencia, llenaba hasta saciar los más recónditos deseos y anhelos de aquel corazón que, sin dejar de ser humano, estaba sólo centrado en lo eterno. Y de esa plenitud quedaban todos impregnados cuando te trataban y se reconocían amados singularmente, de forma única e irrepetible, con ese amor solícito y concreto que siempre va por delante.
Sólo el amor a Dios purifica y universaliza los afectos, sin que pierdan, por ello, una brizna de su más hermosa humanidad y concreción. Mis afectos, mis amores, mis cariños, sólo serán auténticos y verdaderos cuando dejen de centrarse en mi soberbio «yo» y vuelen ligeros sólo hacia Dios. Deja que su gracia te llene a rebosar, purifique tus afectos y tus amores, y verás que amarás a todos, con la limpieza y libertad con que el mismo Corazón de Cristo amó singularmente a cada hombre. En ese Corazón virginal has de encontrar la fuerza para colmar tus soledades afectivas, tus limitaciones en el amor, tus imperfecciones en la caridad. Ama a Dios, por encima de todo, y podrás amarlo todo en Él. No temas la esclavitud de otros amores, si la intimidad con Dios, su gracia, la belleza incomparable de su amor llena todos los rincones de tu alma.

jueves, 11 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón alegre de Cristo, ruega por nosotros

Pocas veces nos narra el Evangelio que Jesús lloró. Aquellas lágrimas del Maestro debieron grabarse profundamente en el ánimo de sus discípulos, acostumbrados como estaban a su porte majestuoso, lleno de serena alegría y de un gozo permanente. Ni siquiera nos dicen los evangelistas que Jesús llorara durante su pasión, o cuando le crucificaron, o cuando vio a su Madre, llena de dolor, al pie de la Cruz. La alegría de Cristo nacía de aquel íntimo gozo que le proporcionaba saberse uno con el Padre. Aun en los momentos en que más pesaba la Cruz, no perdió el Señor aquel gozo íntimo, nada estrepitoso, siempre discreto y permanente, que nacía sólo y siempre de su ardiente deseo de hacer la voluntad del Padre. También en Getsemaní aquel gozo íntimo del Padre sostuvo la lucha del amor.
¡Cuántas risas vacías esconden inútilmente mis tristezas y desánimos! ¡Cuántas máscaras y caretas de alegría hueca y ruidosa con las que pretendo esconder mi mediocridad y mi falta de unión con Dios! Mi falta de alegría, mis tristezas, mis desánimos, mis pesimismos, todo se difumina cuando el corazón contempla enamorado el alma alegre de Cristo en la Cruz. Allí, en el momento de mayor dolor y oscuridad que jamás hombre alguno ha vivido, debió vivir también el Señor el momento de mayor gozo interior y sobrenatural que jamás nadie aquí puede imaginar.
Poco sabes de Dios, si poco sabes del gozo de la Cruz. Porque sólo en ella se gusta y saborea al vedadero Dios, si unes tu cruz a la suya. Corazón alegre de Cristo, que sufriéndolo todo, quisiste así hacerte sostén y fuente de mi propia alegría. El mundo no sabe ser feliz, porque no sabe sufrir con Cristo y encontrar en su Corazón adorable el remanso de paz del que nace el verdadero gozo interior.

miércoles, 10 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón sepultado de Cristo, ruega por nosotros.

Si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto (cf. Jn 12,24). ¡Cuánta fecundidad, cuánta vida albergó la tierra al acoger en su seno aquel cuerpo desclavado de la Cruz! Corazón sepultado, anonadado hasta el extremo de confundirse con la tierra y llegar al límite de la nada, sólo por enseñarme el amor del ocultamiento. Corazón llorado por Pedro, anhelado y buscado por Magdalena, esperado con fe por María Madre, en las horas del silencio orante de aquel sábado santo. Corazón depositado en el sepulcro, ¡nada sabes de grandezas humanas, Tú que eres la medida misma de toda grandeza!
Morir a mí mismo, a mis honras y ambiciones tan humanas, a mis vanaglorias y altanerías, a mis hipocresías y engreimientos, sepultando en tu Corazón todo ese «yo» que se empeña con soberbia en negar que está hecho de tierra y más tierra. Tú, que en cada comunión vuelves una y otra vez a enterrarte en el sepulcro de mi propia tierra, me enseñas así a sepultarme contigo, muriendo siempre un poco más a ese «yo» que busca tenazmente el relumbrón y la apariencia.
Habré de aprender Contigo a enterrarme en lo oculto de esa voluntad de Dios, que se me hace áspera, difícil o absurda. Enterrarme en lo escondido del cumplimiento diario del deber, en la fe de la monotonía y rutina cotidiana, en el anonimato  del mundo y de los hombres, para vivir sólo cara a Dios. Sea mi alma para Ti, Señor, ese sepulcro nuevo, en donde repose tu cuerpo y tu vida, en espera de la resurrección. Corazón sepultado de Cristo, que bajaste por mí al abismo de la muerte, me enseñas a vivir sólo para tu gloria, sin más tierra que tu amor y compañía. Tú, que me sepultaste contigo en el Bautismo, me esconderás un día para siempre en el cielo de ese Corazón, que late desde siempre vida eterna.

lunes, 8 de junio de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón paciente de Jesús, ruega por nosotros

La paciencia es la confianza y la espera de los fuertes. Corazón paciente es el que sabe sufrir en paz. Sin protestar, sin pedir explicaciones, sin querer entender, sin desear que la prueba pase, sin aceptar ni amar nada que no sea la voluntad de Dios en ese momento. La verdadera paciencia –esa que no es mera resignación humana– nace de la fuerza de Dios, que habita en nosotros.  No es voluntarismo. Ni siquiera es condescendencia, o altruismo. Es fruto de esa caridad, que se alimenta de la contemplación de la paciencia de Cristo. Cuántas veces has experimentado en tu vida esa paciencia divina, que no se cansa de perdonarte siempre las mismas faltas, que sale en cada instante a tu encuentro, cada vez que vuelves cansado y desengañado del hambre de tantas algarrobas falaces y pasajeras.
Sólo el amor que mide sin medida es capaz de atisbar, en las pruebas y dificultades, la misteriosa caricia de la mano providente de Dios Padre. Y cuando parece que esa mano se cierra, o desaparece oculta detrás del denso misterio del dolor y de la prueba, nos queda aún esa otra mano invisible y oscura de la fe, con la que podemos asirnos más fuertemente, si cabe, al amor del Padre. ¿Quieres saber cómo debería ser la medida de tu amor paciente? Mira a la Cruz. Allí tu dolor quedará empequeñecido y tu amor se hará fuerte y magnánimo. Contempla también el corazón paciente de la Virgen Madre, en quien el Verbo encarnado aprendió las formas de su paciencia.
El Señor siempre espera. Aprende tú también a tener paciencia, contigo mismo y con los demás, según las formas de Dios. La impaciencia se inquieta por lo que nos molesta, o por lo que no acaba de llegar. La paciencia, en cambio, nos hace estar y permanecer, como María, al pie de la Cruz.

UN RATITO CON EL SEÑOR

Corazón callado de Jesús, ruega por nosotros

Jesús, acusado ante el Sanedrín, sólo respondió con el silencio. Presentado ante Herodes, burlado y despreciado por su guardia, Jesús volvió a callar. Antes, había entrado triunfante en Jerusalén, y ante la aclamación exaltada de la muchedumbre también el Señor calló. Aquel que era la Palabra del Padre y que descansaba entre la gente contándoles las parábolas del Reino, también sabía hablar con el silencio.
El silencio es una delicada expresión de acogida interior. Si el lenguaje auténtico es el que nace del amor, también el amor se mide con el silencio. Amor de silencio es el lenguaje de Cristo en tantos sagrarios solitarios. Amor de silencio es el Espíritu Santo actuando ocultamente en las almas. Amor de silencio y de acogida fue María en la Encarnación del Verbo. Amor de silencio habló el Verbo oculto en el seno virginal de María. Amor de silencio fue el de Cristo sepultado, esperando oculto en el seno de la tierra. Amor de silencio es también el que se esconde detrás de tanto pecado de los hombres.
¡Cuántos silencios hablan de sosiego y delicadeza en el amor! ¡Cuántas palabras ociosas y vacías, que no dicen nada, por las que se nos desparrama ese poco de vida interior que nos quedaba! ¡Cuánto ruido interior hace a veces ese «yo» que reclama a gritos sus pretendidos derechos y su ilegítimo señorío! Has de aprender a callar, si quieres aprender a ser otro Cristo. Has de hacer silencio en el alma, si quieres que resuene en ti el Espíritu, la voz del Padre.
Sólo en el silencio de tu alma aprenderás a oír esos silencios de Cristo, en los que tanto nos habla su Corazón enamorado. Jesús, Dios callado y silencioso, que buscas el silencio de mi alma para hablarme allí toda tu intimidad. Enseñame esas hablas divinas, que tanto gustan a quien las llega a alcanzar.

domingo, 31 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Digna de toda alabanza, ruega por nosotros

Solemos dejarnos engañar por el espejismo de las alabanzas, lisonjas y honores. Nos creemos mejores, y hasta juzgamos que las cosas van más o menos bien, en la medida en que recibimos el reconocimiento o la descalificación de los demás. Cuántas veces actuamos buscando quedar bien y agradar a los demás, consintiendo el error, la injusticia o la mentira, si eso nos permite crecer y subir en el escalafón de la gloria humana. Nos importa tanto la opinión y la valoración ajena que somos capaces de pasar por encima de nuestra propia conciencia y de claudicar ante las exigencias del Evangelio, con tal de ganar ese poco de prestigio humano, que nos coloque en el montón de los afortunados. En cambio, los parámetros de Dios son desconcertantes, pues en el aparente fracaso humano, en la humillación ajena, en la incomprensión o en la infravaloración de los demás puede esconderse una ocasión de conversión, de santidad o de salvación, que pase inadvertida a los ojos engreídos de tantos hombres.
La maternidad divina de María, escondida en la simplicidad de una joven mujer de aldea, pasó inadvertida a los grandes de su época. Ella, que proclamó a su prima Isabel que todas las generaciones habían de llamarla Bienaventurada, sólo buscó la complacencia de esa mirada de Dios, que juzga y conoce lo íntimo y escondido. Ignorada de la gloria humana, mereció la alabanza del Padre, que se inclinó enamorado ante la belleza escondida de su alma de Madre y la proclamó “Llena de gracia”. Guarda para Ella tus más tiernas alabanzas, pues nadie como Ella merece todo tu reconocimiento y admiración. Aprende de Ella a valorar lo humano según la medida de Dios y no caigas en la tentación de hacer de la engañosa alabanza ajena el eje de tu vida.

viernes, 29 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Gloria del Hijo, ruega por nosotros.

Mucho de su gloria divina nos reveló el Padre en la maternidad de María, con la que quedó irreversiblemente marcado el misterio de la divinidad de Dios. La carne del Verbo quedó para siempre adornada de la gloria del Padre y de la gloria de la Madre. Aquella gloria de Dios, que en los tiempos antiguos hacía taparse el rostro a los israelitas, muestra en María y en su Hijo su rostro más humano y accesible.
A pesar del tiempo, mucho de María pervivió y permaneció para siempre en el Hijo, como también mucho del Hijo permaneció para siempre en la Virgen Madre. Este vínculo materno-filial entre el Hijo y la Madre era, en realidad, un signo en la carne que anunciaba ese otro misterio mucho más inefable de la relación paterno-filial entre el Hijo y el Padre: “Creedme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (Jn 14,11). El Verbo estuvo en María y quedó para siempre en Ella; María quedó también para siempre como Madre en el misterio del Hijo. A la luz de esta relación materna, Cristo pudo decir a sus discípulos: “Permaneced en mí, como yo en vosotros” (Jn 15,4).
Aquella gloria del rostro del Padre, que Cristo no podía contemplar en la noche oscura del abandono de la Cruz, pudo verla en el rostro de María, compadeciente con Él al pie de la Cruz. Allí, fue Ella reflejo de esa gloria divina que anunciaba ya los primeros destellos de la resurrección. Gloria divina y espiritual, que pasó inadvertida a los ojos de los hombres, acostumbrados al brillo cegador y al espejismo de la gloria del mundo. No sea así tu gloria, aparente y transitoria, para que cuantos vean tu vida den gloria al Padre que está en los cielos.

martes, 26 de mayo de 2015

LXX ANIVERSARIO DE LA CONSAGRACION DE SOR ANGELES

Esta tarde, en la Iglesia del Rosario se ha celebrado la Eucaristía de Acción de Gracias con motivo del LXX aniversario de la consagración de Sor Angeles Moreno Rodrigo como Hija de la Caridad.
La Celebración ha estado presidida  por el Párroco del Rosario, el Rvdo. Don Carlos Acosta, que en su homilía ha glosado la figura de nuestra querida Sor Angeles y ha recordado al fundador de las Hijas de la Caridad, San Vicente Paul.
La Hermandad del Rosario ha estado presente con una gran representación de su Junta de Gobierno y hermanos.
Nos unimos a esta Acción de Gracias y le pedimos al Señor, con la intercesión de Nuestra Madre del Rosario Coronada, que vele siempre por Sor Angeles y que le de fuerzas para seguir dando ejemplo de entrega y amor a los más necesitados.
De parte de toda la Hermandad le enviamos un beso muy fuerte con todo nuestro cariño.

sábado, 23 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR


Tú, que creyendo esperaste la resurrección, ruega por nosotros

María Magdalena la que se encontró con el sepulcro abierto el día de la Resurrección, cuando fue al sepulcro a embalsamar el cuerpo de Jesús. El amor al Maestro sostenía aquella fidelidad de los últimos momentos, aunque todos, incluso sus más íntimos, habían huído de Él. Así son las cosas que nacen del verdadero cariño, y que sólo entienden los enamorados; cosas que no llegan a entenderse mientras se piense que, para querer a alguien, es necesario recibir algo a cambio.
El amor de la Virgen Madre a su Hijo es también cosa de enamorados. Ella, más que nadie, también en esos últimos momentos del Señor, “esperó contra toda esperanza”. El sostener al Hijo entre sus brazos, una vez lo descendieron de la Cruz, debió ser la mayor experiencia de un amor sufriente que pudiera soportar una madre. Incluso, en ese instante, María debió gritar en su interior al Padre Dios: “¡Muero de dolor, pero me fío de Ti!”. Ella cumplía aquella entrega del hijo que Abraham no completó. Era el cumplimiento definitivo del amor de Dios llevado hasta el culmen, donde sólo la “llena de gracia” podría soportar.
Una piadosa tradición nos dice que la Virgen Madre fue la primera a quien se apareció el Señor resucitado. Cuesta creer que no fuera así, puesto que Ella llevó en su seno el signo del Verbo encarnado, anticipando en ese nacimiento el triunfo de Dios sobre la muerte y el pecado. ¡Cuánta justicia cumplida en ese abrazo del cuerpo resucitado de Cristo al de María, su Madre, que hizo de su fe también motivo para anticiparse a la gloria de Dios sobre el mundo! El “pequeño” universo de María, lejos de ser sepulcro cerrado, era el seno virginal de una madre que hizo donación de su Hijo para la salvación de la humanidad.

viernes, 22 de mayo de 2015

ROSARIO DE LA AURORA

Mañana sábado, se realizará el tradicional Rosario de la Aurora, que en esta ocasión cambia de día. Tradicionalmente, se venía haciendo en la mañana del domingo, pero en esta ocasión será en Sábado. El reto del Santo Rosario, se iniciará a las 8 de la mañana desde la parroquia del Rosario, discurriendo por las calles de la feligresía de la parroquia, el cual estará presidido por la réplica de la imagen de Ntra. Sra. del Rosario.
Invitamos a todos los hermanos y devotos de la Stma. Virgen que nos acompañen en el reto del Santo Rosario.

lunes, 18 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Mujer nueva, ruega por nosotros

Lo nuevo no se opone a lo antiguo sino a lo viejo.  Lo viejo es lo que se deteriora y pierde valor con el tiempo; lo antiguo, en cambio, con el tiempo se va haciendo más valioso. Pero, el tiempo de las cosas es implacable y no perdona el deterioro de lo antiguo y de lo viejo. En el tiempo salvífico de Dios, la redención de Cristo lo viejo pasa y se hace nuevo todo lo antiguo. Es el tiempo de la nueva creación, de la nueva alianza, del mandamiento nuevo, de la nueva Jerusalén, de los nuevos cielos y la nueva tierra.
La maternidad es expresión de una continua novedad, pues en ella se comunica la vida con un rostro de hijo siempre nuevo y diferente. No hay dos rostros iguales, aun habiendo nacido ambos del mismo seno materno. La maternidad de María es nueva, no porque engendre muchos hijos sino porque engendra a Cristo, en quien se hace carne la eterna novedad de Dios. En Él se nos ha dado , una forma absolutamente nueva y para siempre, toda la vida del Padre. Una nueva y definitiva maternidad define a esta Mujer, en quien la novedad de una vida nueva que nace es también absoluta y definitiva. En su seno materno se esconde todo el tiempo salvífico de Dios, ése que hace nuevas y definitivas todas las cosas antiguas. La antigua maternidad de Eva, llamada a albergar en su seno muchos hijos, terminó engendrando vida envejecida y deteriorada por el tiempo del pecado. Era necesaria una nueva maternidad, expresión de una nueva feminidad, que engendrase aquella gracia y gloria que perdimos por el pecado.
Cuida que de tu alma no nazcan obras muertas por el pecado, aunque tengan la apariencia de obras buenas. Sólo la gracia te renueva y te introduce en la eterna novedad del tiempo de Dios, en el que todo habla de resurrección y de vida nueva.

jueves, 14 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Formada por el Espíritu Santo como nueva criatura, ruega por nosotros

A la Virgen María se la denomina la “nueva Eva”. Recordemos que el pecado original supuso el mayor desorden para toda la creación. La libertad con la que contaban nuestros primeros padres les hizo vivir en el engaño de que podían alcanzar una semejanza de Dios superior a la que tenían. Esa mentira, esa falta de confianza, les produjo una muerte que también nos alcanzó a nosotros: morir a la amistad con Dios.
Pero el Espíritu Santo obró el milagro en las entrañas de María. La “llena de gracia” nos hizo recuperar esa intimidad divina perdida. Fue el cauce elegido por Dios para mostrarnos el amor sin límites que tiene por cada uno de nosotros.
“Nueva Eva”, que significa una nueva maternidad de Dios para nosotros. La distancia del pecado ha quedado ahora anulada por la entrega de María. No sólo Ella se entregó a Dios, sino que la entrega de su Hijo se extiende al mundo entero. Lo que Eva no pudo llevar a cabo, la Virgen lo realiza en su maternidad, dándonos a Cristo como viático, Ella que lo alimentó con la sangre de su seno.
El Espíritu Santo, esposo de María, hizo de la Virgen esa nueva creatura, para que tú y yo muramos al hombre viejo, y en esa nueva humanidad recuperemos la amistad con Dios que nunca ya habremos de perder.

miércoles, 13 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros

Desconcierta sobremanera cómo el Señor elige con predilección lo más sencillo y simple a los ojos del mundo para poner patas arriba nuestros sabios y doctos criterios, nuestros esquemas, nuestros planes y criterios. Así lo hizo en María. Así lo hizo en José. Así lo hizo en aquellos niños de Fátima. Y así fue también en su propio Hijo, que se hizo pequeño, para escandalizar y confundir la orgullosa y engreída sabiduría de los hombres.
Aquel rincón de Fátima sigue siendo hoy signo de contradicción y piedra de escándalo para todos los que buscan una salvación fácil y comodona, según la medida y el criterio humano, o se inventan un cristianismo sin cruz y una redención sin dolor y sin renuncia. Mientras siga habiendo un corazón en el que anide el pecado, mientras siga habiendo en tu vida tantas omisiones, egoísmos, medianías, críticas, faltas de fe y de confianza en Dios, seguirá siendo de urgente actualidad el mensaje de la Virgen de Fátima de orar, ofrecer y reparar tanto desprecio hacia el amor de Dios.
Que no desfallezca tu oración. Que nunca dejes de apoyar el peso de tus pecados y necesidades en el rezo del rosario. Esa sencilla oración es fuente de innumerables gracias para ti y para la Iglesia, si sabes poner en cada Avemaría ese poco de amor reparador y suplicante, que se conmueve ante el pecado de sus hermanos. Aprende de la pureza de corazón de aquellos pastorcitos de Fátima, que supieron ver, con las pupilas de la simplicidad, los ojos divinos de aquella Mujer Inmaculada, que enamoró a Dios y conmovió al mundo. Pidele a esta gran Madre y Señora un alma de niño, para poder entrar en el misterio de la simplicidad de Dios.

lunes, 11 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Tú, que concebiste en tu seno creyendo, ruega por nosotros

Las grandes proezas sólo se realizan cuando hay confianza. Sin embargo, la seguridad en nosotros mismos puede ser muy limitada. Hay muchas circunstancias que pueden desanimarnos para no llevar a cabo nuestro propósito. Aquella niña de Nazaret, por muy joven que fuese, tenía su corazón anclado en el corazón mismo de Dios. Ahí ya no caben nuestras expectativas o nuestros proyectos. Sólo cuenta el deseo del Señor.
A la Virgen se le pidió confianza, y Ella nunca exigió una señal. Su fe se alimentaba de amor, y en ese darse de Dios, María concibió en su interior el fruto de su fidelidad: el amor de Dios hecho carne.
Qué importante es vivir con el convencimiento de que muchas de nuestras frustraciones o desánimos están motivados por nuestra falta de confianza en Dios. Nos puede la autosuficiencia y el afán de caminar sólo cuando tenemos seguro el apoyo de nuestras seguridades humanas. En cambio, es la confianza y el abandono oscuro en la providencia de Dios la que nos hace desterrar el agobio en nuestras acciones o deliberaciones. Sabemos que viviendo con fidelidad el plan de Dios en nuestra vida, podremos ver, incluso en aquello que a los ojos del mundo es una derrota, el resplandor del triunfo de lo divino: la humildad que genera un alimento que salta hasta la vida eterna.
«Concibe» en tu interior esa gracia del Espíritu Santo, y tu fe quedará robustecida. Con esa gracia habrás de recuperar la confianza y la descomplicación de los niños, pues nunca deja el Señor de ser tu Padre, aunque tú renuncies a ser hijo. Alimenta ese resquicio de fe que llevas en tu seno, para que nazca en ti esa vida de Dios que has de comunicar al mundo.

jueves, 7 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Inclinada hacia las súplicas de sus hijos, ruega por nosotros

Cuántas veces, agobiados por los problemas y dificultades de la vida, desanimados y vencidos por el cansancio espiritual y la debilidad de nuestra vida de fe, hemos buscado a alguien en quien desahogar nuestro pesar y dolor. Todos necesitamos unos hombros que nos ayuden a llevar nuestras cargas, un bastón que podamos apretar fuertemente al caminar, un lazarillo que nos guíe en nuestras oscuridades, alguien que nos escuche cuando ya no podemos más y que seque tantas lágrimas que, a veces, nadie ve.
María, acostumbrada a su oficio de Madre con Cristo, sabe muy bien de dolores y necesidades, de oscuridades y apoyos. Ella siempre estuvo ahí, al pie de la Cruz de su Hijo, y sigue estando ahí, al pie de las cruces de todos y cada uno de sus hijos. Ella, que supo acoger tantos deseos del Padre, que supo ser regazo y descanso de san José, que escuchó y cumplió tantos ruegos de su Hijo, ¿cómo no va a inclinarse hacia tu miseria y necesidad, como se inclinó tantas veces ante la debilidad del pequeño Jesús? ¿Crees que puede desentenderse de tu vida esta Madre, que supo acompañar los pasos y balbuceos del Niño Dios de Belén? ¿Puede haber zozobras y pesares de un hijo que no sean zozobras y pesares de una madre?
No dudes en poner junto a esta Madre todo aquello, grande o pequeño, que es fuente de inseguridad, preocupación o angustia en el día a día de tu vida. Verás que nunca te falta esa suave y recia mano de Madre, que tantas veces buscas agarrar. De Ella aprenderás también tú a inclinarte y acoger en tu seno las luchas y afanes de tantos hijos de Dios, que no saben a quién acudir, porque viven sin saber de su Padre Dios. No te canses de aliviar los ruegos y súplicas de ese Cristo, que te mira necesitado en el rostro de tus hermanos los hombres.

miércoles, 6 de mayo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Íntima confidente del Hijo, ruega por nosotros

Cuántos atardeceres de intimidad, cargados de contemplación de Dios, pudieron vivir María y José junto a su Hijo. Cuántos gestos, palabras, miradas de Cristo, latiendo escondidamente entre los muros de aquella casa de Nazaret. Fueron el tesoro que María custodió para siempre en el secreto del corazón. Tardes y ratos de familia, en que el Señor abriría su corazón, explayando sus deseos más íntimos en aquellos dos corazones enamorados de la voluntad de Dios.
Nadie como María recibió las confidencias de aquel Hijo, que escondía en su corazón de hombre los secretos del seno del Padre. Corazón materno, acostumbrado a cobijar, acoger y perdonar, en quien puedo encontrar descanso para el alma. Mucho del corazón de María había en aquel Hijo, en quien estaban custodiados todos los secretos del seno del Padre. Si quieres ir asemejándote a Cristo, has de hablar mucho con la Madre y dejar que Ella te enseñe a parecerte más a Él. Ninguna otra criatura tuvo el privilegio de educar y modelar el alma humana de Cristo.
Deja que, en tu oración, María te hable de esas íntimas confidencias del Hijo que sólo Ella conoce. Y deja también allí, en su regazo, esas otras confidencias y secretos de tu alma, que sólo a una Madre así puedes confiar. Nada hay que pueda igualarse al conocimiento de esa intimidad secreta y escondida de Dios, que sólo se saborea en el silencio de la contemplación. Pídele a esta Madre que te enseñe a contemplar y rumiar, en el silencio del alma, esos secretos divinos que sólo conocen los sencillos. Desahoga en el corazón de Cristo todas esas confidencias de enamorado que llevas en tu alma y verás que también el Señor te confía y entrega los secretos del Padre.

miércoles, 29 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Mt 16,15).

Impresiona ver en los relatos evangélicos que los demonios, cuando se encuentran con el Señor, se postran ante El y confiesan abiertamente que es el Hijo de Dios. Los fariseos, en cambio, se escandalizan y consideran un blasfemo al Señor cuando les explica que El y el Padre son uno. En la parábola del Hijo pródigo, si bien se habla de dos hijos, sólo uno de ellos conoce el verdadero corazón de su Padre y se deja abrazar por él. De entre los apóstoles, sólo Pedro se atrevió a afirmar ante el Señor que era el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Y el mismo Señor, en más de una ocasión, alaba el ejemplo del samaritano o la fe de la cananea, es decir, de aquellos que no pertenecían al pueblo escogido de Yahvé.
¿Cómo es posible que los demonios, o aquellos que los judíos de la época consideraban paganos, afirmen y crean en la divinidad de Cristo de forma más clara y nítida que los propios apóstoles? ¿Cómo es posible que lleves en la Iglesia tanto tiempo, que cumplas con tantos ejercicios de piedad, que vayas a Misa diariamente, que conozcas el evangelio al dedillo o que frecuentes un grupo apostólico y tu fe sea tan protocolaria, tan formal, tan acomodada a los mínimos y tan incoherente?
Para muchos, Cristo es sólo una ideología, una excusa para buscar sus propios intereses o para hacer carrera, alguien que les complica la existencia, un recurso mágico para las ocasiones de peligro o necesidad, o, simplemente, un extraño aunque oigan hablar de El todos los domingos en Misa. ¿Quién es Cristo para ti?

domingo, 26 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

¿Miedo al compromiso?

Te mueves en ambientes en los que la responsabilidad y el compromiso no están de moda. Es frecuente que alguien te diga entusiasmado que puedes contar con él pero luego, a la mínima dificultad o pasado el fervorín del momento, te empieza a explicar los buenos y justos motivos por los que no puede ayudarte. Otros te dirán que, por miedo a equivocarse, no llegan a comprometerse con nada ni con nadie. O se comprometen, sí, pero sólo por un tiempo, por probar, por interés, por quedar bien, hasta que encuentran algo mejor o diferente. Y ahí los tienes dedicados a mariposear de acá para allá, siempre en busca de novedades, justificando con muy santas excusas su inconstancia, su comodidad y sus ganas de no complicarse la vida.
Asumir responsabilidades, en lo bueno y en lo malo, es síntoma de madurez humana y espiritual. Allí donde pongas el clavo, martillea y golpea sin cansarte hasta que puedas hacer de él un punto de apoyo sólido y firme. Es preferible decir no a tiempo a crear falsas expectativas en otros a los que, tarde o temprano, has de dejar colgados en el aire. Has de cuidar la coherencia de vida también en esos compromisos que has decidido asumir en tu estado matrimonial, en tu trabajo, en tu amistad, en tu grupo de apostolado, en tu parroquia, en tu sacerdocio o consagración, en tu relación con Dios.
Que tu sí sea, verdaderamente, un sí, con todas las consecuencias. Pero con esa constancia que no se cansa ante las dificultades y que está siempre dispuesta a mantener ese sí por encima de cansancios, desganas, apatías, comodidades, dificultades, críticas o persecuciones. Y te irás pareciendo en algo a ese Dios incondicional e inmutable en el amor, infatigable en su misericordia, irrevocablemente fiel en su entrega, al que has de irradiar y testimoniar también en la forma de asumir las responsabilidades concretas de tu vida.

viernes, 24 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Cuida la intención de tus actos

Aparentemente puede que tu vida no se distinga mucho de la de los demás. Y, sin embargo, aunque hagas lo mismo que ellos, no debes hacerlo de la misma forma. En cada acción, en cada palabra, en cada acontecimiento, en cada minuto de tu jornada, hay algo capaz de dar valor de infinito a todo y de transformar lo más ínfimo y despreciable a los ojos humanos en gloria a Dios. Si eres capaz de rectificar a menudo la intención de tus actos, de reconducirlo todo a su centro, que es el corazón de Dios, estás dando pasos de gigante en la tarea de tu propia santificación y en la del bien de las almas. Purificar la intención y procurar ver a Dios en todo y en todos te proporciona un continuo incremento de libertad y de señorío sobre ti mismo y sobre las cosas.
Vivir la rectitud de intención te ayuda a ir purificando esa mirada de fe que necesitas para vivir el día a día sobrevolando y planeando, como las águilas, por encima de incomprensiones, juicios ajenos, opiniones contrarias, criterios desacertados, dimes y diretes. No olvides comenzar tu jornada ofreciendo todo a tu Dios. No olvides renovar ese ofrecimiento a lo largo del día, en momentos especialmente señalados, en circunstancias difíciles o incomprensibles, en las situaciones imprevistas y absurdas, en las propias faltas y caídas. Y, sobre todo, no olvides llenar ese último momento del día, la última oportunidad de la jornada, con un confiado y renovado ofrecimiento a tu Dios de lo que eres y quieres ser. Viviendo la rectitud de intención experimentarás una y otra vez que Dios es ese Padre fiel que, en cada momento de tu vida, no se cansa de esperarte y salir a tu encuentro.

jueves, 23 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

"¿Qué relación hay entre la justicia y la iniquidad?” (2 Co 6,14)

Uno de los temas que con más fuerza plantea san Pablo es el “misterio de iniquidad”. Cristo murió en la Cruz para nuestra salvación, sin embargo, aún conviven entre nosotros el pecado, el desorden, la maldad, la depravación, la injusticia… ¿Dónde ha vencido la gracia? Junto a la vida permanece la muerte, y este drama es el que hace a tantos caer en el desaliento.
Si el misterio del hombre sólo puede entenderse a la luz de Jesucristo, entonces ha de ser Él nuestro único referente. Nuestro Señor no escondió ninguna verdad, antes bien, nos dio a conocer nuestro destino aquí en la tierra: tristeza, pobreza, persecución… pero con una clara advertencia: “la recompensa la alcanzaréis en el Cielo, no en este mundo”. ¿Por qué esa demora? ¿Por qué seguir sufriendo hasta la muerte?
San Pablo nos dice: “Para esto se os ha llamado por medio del Evangelio, para que consigáis la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. Esa gloria ha de pasar, ¡sólo y exclusivamente!, por la Cruz, también misterio de iniquidad, pues nuestro seguimiento de Cristo consiste en identificarnos con sus mismos sentimientos. Cristo murió en la cruz, nosotros hemos de ir muriendo cada día a nuestros pecados, abrazando nuestra propia cruz, para vivir en Él. Cristo resucitó, nosotros resucitaremos, en el último día, sólo si ponemos nuestra confianza en Él, no en nuestros voluntarismos. Te repites, una y otra vez, que supone mucha carga y mucho esfuerzo, ante tanta debilidad personal, llevar a cabo semejante camino. Recuerda las palabras del Apóstol: “Con sumo gusto seguiré gloriándome, sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo”.

miércoles, 22 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

“No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20)

Morir al pecado no es tarea fácil. Es algo que puede suponernos un esfuerzo y unas “ganas” por las cosas de Dios, de las que no tenemos tiempo ahora. ¡Sí!, así nos planteamos muchas veces todo lo que hace referencia al espíritu. Que bastante hay con salir al paso en nuestras actividades habituales, como para “perder tiempo” en las cosas de Dios… ya habrá lugar para ello.
Nos hemos hecho una idea equivocada de la santidad. La hemos relegado a aquellos personajes raros y extravagantes, que la Iglesia denomina santos, que se someten a todo tipo de privaciones y ejercicios ascéticos, y que no tienen nada que ver con la gente normal. Sin embargo, la santidad sólo está “hecha” para los normales, como tú y yo, que buscamos hacer la voluntad de Dios, pero que tropezamos, una y otra vez, con la limitación de nuestros pecados.
Morir al pecado es vivir con Cristo… aún más, que Cristo viva en mi, como dice el Apóstol. Y eso se realiza en personas normales, personas que aceptan su condición de finitud, pero que, en esa debilidad, confían, día tras día, en la fuerza de Dios, no en las suyas. Esa es la santidad: Cristo abraza mis pecados en la Cruz… tú y yo descansamos en la infinita misericordia de Dios, que nos redime, en cada instante, a pesar de nuestra falta de esfuerzo o nuestras pocas ganas por Él… ¡Sólo has de confiar!

lunes, 20 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

“Llamó a los que quiso” (Mc 3,13)

Dios llama a todos, porque su voluntad es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Llama sin condiciones, gratuitamente, porque quiere y como quiere, sin pedir el curriculum vitae. No estás entre los suyos por tus méritos y cualidades, por tu valía personal, por tu forma de ser, por tu cualificación profesional. No estás aquí por lo que haces o vales. Nada de eso cuenta para Dios cuando se trata de elegir y llamar no según los criterios del mundo sino según sus planes y su voluntad.
No te refugies en tus defectos de carácter, en tus rarezas, en tus ocupaciones, en tu poca formación, en tu fe débil y vacilante, en tantas y tantas excusas con las que justificamos nuestra omisiones y nuestra pereza para la entrega apostólica. Pregúntate, más bien, hasta qué punto has tomado conciencia de que Dios te llama y cuenta contigo, y cómo es la respuesta de tu vida.
No pienses que eso de ser apóstoles es para otros que están hechos de una pasta especial, que tienen todo el tiempo del mundo para dedicarse a ello o que reciben de Dios gracias extraordinarias para ello que a ti, en cambio, no te da. No habiendo entre los Doce ningún apóstol completamente perfecto y dotado de todo lo que se necesita para ser apóstol, el Señor, sin embargo, contó con todos: con el que le negó tres veces, con el que le traicionó, con el que tenía fama de impostor y corrupto por recaudar impuestos, con los que sólo pensaban en hacer carrera y buscar el puesto a la derecha o a la izquierda.
La llamada de Dios no es para otros, para los demás; es para ti. Ni la edad, ni las condiciones de salud, ni el trabajo, ni el estado de vida, ni las circunstancias familiares, ni tus defectos de carácter o tus limitaciones de cualquier tipo han de ser obstáculo o excusa para tu vida de oración, tu apostolado o tu entrega a Dios.

viernes, 17 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

“La medida que uséis” (Mc 4,24)

Cuánto nos cuesta liberarnos del “ojo por ojo y diente por diente”. La teoría sobre el perdón cristiano nos la sabemos bien, pero, a la hora de la verdad, entendemos ese perdón con esquemas demasiado humanos y justicieros. Nos cuesta olvidar las ofensas y volver a mirar al que nos ha hecho mal como si nada hubiera pasado. Nos cuesta perdonar porque, en el fondo, pasar por alto esa injusticia nos hace creer que somos los tontos y los débiles según el mundo. Los malos siempre son los demás; nosotros, en cambio, solemos ponernos siempre en el puesto de las víctimas e inocentes.
El perdón específicamente cristiano no es ingenuidad y simpleza sino magnanimidad de alma para acoger tus miserias y las de los demás con la misericordia misma de Dios, no con la misericordia que suelen usar los hombres. Tu medida con los demás ha de ser grande, muy grande, la misma que usa Dios contigo, la misma que usó Cristo en la cruz. Y no siete veces, sino setenta veces siete, es decir, siempre. Usa tú la medida de la misericordia de Cristo con todos, porque esa misma medida es la que usa y usará el Señor contigo. Si no te atreves a perdonar según la medida de Cristo es que poco has entendido de la Cruz.
No te canses de ensanchar el alma, cada vez más, porque ahí reside la fuerza de tu testimonio cristiano. No te canses de contemplar el silencio de Cristo en su pasión, si quieres llegar a gustar esa paz de alma de quien vence las incomprensiones, críticas, injusticias, ofensas y menosprecios con el amor apasionado a Cristo.

martes, 14 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Gustar del silencio

Un pez fuera del agua se mueve y se agita con virulencia y, sin embargo, se está ahogando por falta de oxígeno. El activismo nos proporciona una ficticia impresión de seguridad y de eficacia que, muchas veces, termina mezclándose con buenas dosis de engreimiento propio y de vanidad. Elías, en el monte Horeb, sólo contempló al Señor al paso de la brisa tenue y suave, porque en el viento huracanado, en el fuego, en el temblor de la tierra, no estaba el Señor. Jesucristo hablaba con el Padre en el silencio de muchas noches de oración. Los grandes acontecimientos de la Historia de la salvación suelen realizarse en el silencio y escondimiento.
Gustar el silencio es gustar de Dios. Hacer silencio en el alma es hacer presente en ella a Dios. Porque el lenguaje de Dios es sonoro sólo en el silencio. Es amor callado. Es misericordia silente. Es omnipotencia silenciosa. Es Dios imperceptible. Mira si en medio de tu activismo logras conservar el tesoro del silencio en tu alma y escuchar allí los toques silenciosos del amor de Dios. Cuántas prisas, agobios, tensiones, trabajos, incertidumbres o problemas, dejarían de ser tales si lográramos vivir cada jornada con el eco de un silencio lleno de Dios dentro del alma. Alimenta cada día ese gusto por el silencio cuidando fielmente tu tiempo de oración. Busca tiempos largos y pausados para hacer silencio dentro de ti y dejar que hable allí el Espíritu Santo. Porque el silencio es la voz del Espíritu. Y no dejes que las mil tareas del día a día te distraigan y ahoguen en ti ese esfuerzo, imperceptible a los ojos de muchos, por custodiar en tu interior la presencia silenciosa de Dios.

lunes, 13 de abril de 2015

COMIDA DE PASCUA


Celebraremos la Pascua y además compartiremos la alegría de la Resurrección con los que más nos necesitan.
Ojalá falte sitio y tengamos que quedarnos algunos de pie!



UN RATITO CON EL SEÑOR

Avivar la presencia de Dios

“No está lejos –dice san Agustín–; ama y se acercará, ama y habitará en ti”. Dios está presente en todas las cosas y está detrás de todos los acontecimientos. Si nos acostumbráramos a esa ineludible presencia de Dios en todos los instantes, en todas las circunstancias y personas, llenaríamos nuestra vida no de cosas y actividades sino de Dios. Acuérdate a menudo que todo, absolutamente todo, lo haces, lo dices, lo piensas, en la presencia de Dios. No te olvides que en tu alma en gracia está presente Dios, más íntimo que tú a ti mismo.
Esfuérzate durante el día por avivar esa amorosa y tierna omnipresencia de Dios Padre. Cuando entras o sales de casa, cuando empiezas o terminas tu trabajo, cuando te acuestas por la noche o te levantas por la mañana, al empezar o terminar de comer, cuando hablas con otros y rezas por ellos, cuando has caído en la tentación, cuando te dan un disgusto o una buena noticia… En todo y siempre debes encontrar una ocasión propicia para dialogar con Dios y elevar tu corazón hacia Él, levantando en tu oración todas las cosas y todas las personas. ¡Cuántas jaculatorias, cuántos actos de amor, de fe, de esperanza, de paciencia, de perdón, caben en una jornada! ¡Y cuántas jornadas acaban vacías y huecas, llenas de tiempos vacíos! Perder el tiempo es dejar que se nos escape la presencia y el amor de Dios por las rendijas de las mil cosas y afanes que nos ocupan cada día. Llena cada uno de tus instantes de un poco de eternidad y verás que tu vida, y la de los demás, se va transformando suavemente, como el metal que va cobrando brillo en el fuego.

sábado, 11 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Rogad por los que os persiguen

Hay mucho odio y violencia en el mundo. No es algo ajeno a nosotros. En nuestros ambientes cercanos somos testigos de cómo familias y amistades se destruyen a causa de resentimientos que tienen su origen, en la mayoría de las ocasiones, en esa falta de pequeños detalles de cariño y convivencia. Decimos que el amor se ha enfriado, que ya no hay motivos para querer… y, de ahí, pasamos a construir “fabulosas” excusas para destruir lo que, en un principio, tenía tanto sentido y en lo que habíamos depositado tanta esperanza. Si esto ocurre entre los que supuestamente nos queremos, cuánta mayor distancia con aquellos que nos juzgan, critican nuestra conducta, o, simplemente, nos persiguen.
Hay una bienaventuranza del Señor dedicada a aquellos que nos atenazan porque queremos vivir con fidelidad nuestra vocación y nuestra entrega. Jesús se dirige a cada uno de nosotros no sólo para que recemos por los que nos persiguen, sino para que, incluso, les amemos. Aquí se encuentra el quicio del cristianismo, el signo distintivo de los que nos llamamos y presumimos de seguir a Jesucristo. A continuación de este mandato, el Señor nos propone ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. ¿Que dónde está esa perfección? Ama a tus enemigos, no de palabra sino con el mismo corazón de Cristo, y verás la gloria de Dios en tu vida. Entenderás, ya por fin, porque Jesús gritó desde la Cruz: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. También a ti, como a mi, Dios nos perdona ¡tantas veces!, porque Él es perfecto en el amor.

viernes, 10 de abril de 2015

RECORDATORIO SABATINA

Recordamos a todos nuestros hermanos y devotos de la Stma. Virgen del Rosario Coronada, que como ya comentamos hace un par de semanas, la sabatina correspondiente al mes de abril, se celebrará éste sábado.
El rezo del Santo Rosario comenzará a las 19 h. y posteriormente, se celebrará la Santa Misa.

LA JUNTA DE GOBIERNO.

UN RATITO CON EL SEÑOR

Lo absoluto y lo relativo

A pesar de que el Evangelio narra muchas curaciones, quedaron en el anonimato tantos y tantos enfermos que se acercaron al Maestro pidiendo su sanación. No sabemos si fueron o no curados. Sí sabemos, a partir de los escuetos datos evangélicos, que estuvieron junto al Señor perdidos entre la multitud, que escucharon su palabra, que se cruzaron, siquiera un instante, con su mirada divina. No todos fueron sanados. Es más, pudiendo hacerlo, Cristo no los curó a todos de una vez. Él, que quiso experimentar en su propia carne toda la debilidad de nuestra humanidad, dejó sin resolver ni curar aquellos sufrimientos, injusticias, pobrezas, dolores y males que allí, ante Él, tenían rostro concreto. Toda una lección de omnipotencia divina y de señorío sobre el mundo.
¿No ves que todo, absolutamente todo, se vuelve relativo cuando se vive desde Dios? Desde la atalaya de este único Absoluto todo se queda en poco, y aun en nada. Cualquier dolor, sufrimiento, injusticia, necesidad, la salud, honra o afectos, la vida misma, se va relativizando y achicando cuando aprendemos a vivir con el alma muy puesta en Aquel que es el único definitivo e inmutable. Nuestra verdadera dolencia y enfermedad está en el corazón, tan pequeño y miserable que termina sepultado entre los escombros de su propia fragilidad. Un corazón tan herido por el pecado que fácilmente se ciega con el espejismo de nuestros relativos humanos. En aquellos enfermos veía el Maestro tantos corazones necesitados de esa otra sanación espiritual que sólo Él puede dar. Pero había que esperar a la Cruz. Aquel Dios crucificado, que así quiso gustar del dolor de los hombres, que se dejó tocar por las manos del sufrimiento, sigue hoy sobre el altar curando el pecado del mundo, dejándose tocar por las manos, también enfermas, del sacerdote.

miércoles, 8 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

¡Era la señal!

Sin mediar palabra alguna, sin perder un minuto, los discípulos de Emaús cogieron el trozo de pan partido y se volvieron corriendo a Jerusalén, al sitio donde sabían que estaban reunidos los Once y los demás compañeros. Nada impide pensar que, junto a ellos, estuvieran también María y las demás mujeres que habían seguido al Señor hasta la cruz. Al entrar los dos discípulos, mostrarían a todos ese trozo de pan partido y bendecido que Cristo había dejado sobre la mesa, en su casa de Emaús. ¡Era la señal! ¡En ese pan ellos dos habían reconocido al Señor! Como pudieron, explicaron a todos lo sucedido, con tono apresurado y aún sobrecogido de emoción, confesando que ese pan partido era el signo de la presencia de Cristo, la prueba de que Cristo estaba vivo.
El evangelio de Marcos (16,13) nos confirma que, a pesar de que los dos de Emaús fueron a anunciarles a todos que habían visto y reconocido al Señor, ellos no les creyeron. Podemos suponer que María sí creyó. Ella podía reconocer fácilmente aquel signo del pan partido que veía en las manos de aquellos discípulos. ¡Tantas veces había visto a su Hijo en casa partir el pan y pronunciar la bendición que asociaba naturalmente ese gesto a la presencia del Señor! ¡Y cuántas veces también había partido ella misma el pan sobre la mesa de casa para dárselo, así partido, a su Hijo! Ese gesto, tan cotidiano, fue educando el corazón eucarístico de la Madre al calor de la presencia del Hijo.
Cuántas veces, en aquel pan partido sobre la mesa que Cristo daría a su madre, viviría ya anticipadamente en el corazón, con el deseo y el amor, el pan de la última cena en el que Él mismo se daría a la Iglesia. En la vida diaria, el pan partido sobre la mesa alimentaba continuamente el amor de María hacia la presencia real, tan dulce, de su Hijo. En alguna de aquellas comidas quizá le explicara su Hijo que, un día, aquel pan habría de ser Él mismo.
Ahora, viendo aquel pan partido en las manos de los discípulos de Emaús, María creería en la dulce presencia de Aquél que se hizo desconocido caminante hasta la aldea de Emaús y sólo se dejó reconocer al bendecir y partir el pan. Y, es que toda la grandeza de Dios se nos hace presente ahí, en la ínfima normalidad de lo cotidiano.

UN RATITO CON EL SEÑOR

El pan de Emaús

En el relato de Emaús sorprende la cercanía de Cristo. Su humanidad, aunque gloriosa, no ha dejado de ser humana. Mientras aquellos dos discípulos huían de Jerusalén temerosos, desconfiados y desilusionados por el aparente fracaso de la cruz, Jesús se les hace el encontradizo. Y mientras les iba explicando todo lo que en las Escrituras se refería a Él, fue abriéndoles el corazón para que, desde el amor, pudieran entender la palabra suprema que iba a ser el gesto sencillo de partir el pan. Sólo en ese momento le reconocieron, pero Cristo desapareció, dejando tras de sí la huella de su presencia: el fuego de amor en el corazón y el pan partido sobre la mesa.
Qué bello suspender el relato en este momento en que cesa la presencia física y gloriosa de Cristo y queda sólo ante los ojos del corazón asombrado aquel pan partido sobre la mesa. Era el signo de una certeza: que Cristo había caminado con ellos, que les había explicado las Escrituras, que habían oído en las palabras de la bendición del pan aquella voz del Maestro que les resultaba tan familiar, e incluso que lo habían reconocido allí, junto a ellos, tan real y cercano como siempre lo habían sentido antes de morir en la cruz. Cuánto tiempo estarían los discípulos contemplando el pan partido en la mesa y adorando, desde el amor encendido, esa dulce presencia, tan humana, del Cristo caminante, que acababan de gustar.
Ante el pan partido, brotaría espontánea una silenciosa confesión de fe y de amor: “¡Es el Señor!”, la misma que brotó del corazón sorprendido de Juan en la orilla del lago de Tiberíades. La misma que debe brotar en ti y en mí cada vez que te acerques a comer de ese Cristo partido que, cada día, se te hace pan sobre la mesa del altar.

martes, 7 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

“Se han llevado a mi Señor” (Jn 20,13)

Nada impide leer en clave eucarística la experiencia de María Magdalena a la puerta del sepulcro, en la mañana de resurrección. Tanto los ángeles como el propio Jesús, a su vista, exclaman: “¡Mujer!…”. Una exclamación que recuerda aquel primer asombro de Adán cuando, a la vista de la mujer Eva, exclamó: “¡Carne de mi carne, hueso de mis huesos!”. Pero, María ni siquiera se percató de aquel saludo. Estaba cegada por el emotivismo propio de un amor que era todavía demasiado humano para poder entender y contemplar con serenidad la ausencia del Maestro. Su deseo de Cristo era tan grande, tan humano, tan apasionado, que le impedía verle allí mismo, ante sus ojos.
Impresiona contemplar a esta gran mujer, profundamente eucarística, estremecida toda ella por el profundo deseo de abrazar y tener entre sus brazos el cuerpo muerto de Cristo. Buscaba algo que el amor había hecho íntimamente suyo mientras aquella ausencia se hundía dolorosamente en el alma. Una situación interior que puede comprenderse en profundidad sólo desde la rica filigrana de sensibilidad, afectividad y capacidad de acogida con que Dios adornó el corazón de la mujer. Pero, María Magdalena se aferraba tanto a la presencia –o más bien ausencia– del cuerpo que no vio allí a los ángeles ni percibió la presencia divina del Señor resucitado. ¡Cuánto tiempo hubiera estado esta mujer allí, llorando junto al sepulcro, si Cristo no se hubiera hecho presente! Y, sin embargo, en aquella mujer ve Cristo la respuesta de un amor tan entregado que el Señor se le hace presente para colmar aquel profundo deseo con la dulzura de su presencia. Y la acoge así como es, con esa feminidad desbordada por el corazón y el afecto, que convertía el deseo de Cristo en la entrega del permanecer allí, esperando, junto al sepulcro. Y, al final, el Resucitado se deja abrazar, haciéndose así su amor divino tan humano como el de María, amoldándose a su modo de ser y de amar. Y en ese amor, María queda confirmada en la fe y en la misión: “Anda, ve a mis hermanos y díles…”.

lunes, 6 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

La versión oficial de los hechos

Más de un soldado romano protestó cuando les llegó la orden del procurador, que mandaba pasar la noche de aquel sábado custodiando el sepulcro del hombre que acababan de crucificar. La orden podía responder al capricho de un jefecillo romano, temeroso de que los seguidores de aquel ajusticiado promovieran nuevas revueltas contra el invasor romano. Pero podía ser también que el procurador hubiera llegado a un acuerdo con los sumos sacerdotes, capaces de pagar mucho dinero si con ello podían evitar que los seguidores del llamado Cristo iniciaran nuevas revueltas contra el sanedrín y su enorme poder religioso. Todos tenían miedo a perder su poder y, sobre todo, a que aquel hombre resucitara de verdad, tal como había anunciado al pueblo más de una vez.
El evangelista Mateo, que conocía muy bien el mundo del poder político, lleno de sobornos y corrupciones, nos cuenta al detalle cómo el colegio del Sanedrín sobornó con una buena suma de dinero a aquellos guardias romanos para que no contaran la verdad. Los soldados presenciaron los primeros aquel terremoto y cómo el ángel del Señor hizo rodar la gran piedra que sellaba la entrada al sepulcro. Y, sin embargo, nunca dieron testimonio de la resurrección de Cristo. Tan grande era su miedo a las autoridades que aceptaron la suma de dinero para difundir como versión oficial que el cuerpo había sido robado antes que aceptar la verdad de los hechos.
Y, desde entonces, esa sigue siendo la gran tentación de muchos: vender la verdad y contentarse con una fe políticamente correcta, mediocre y cumplidora, del montón, atemperada con compensaciones de poder, revestida de una aparente moderación y prudencia, sólo por miedo al qué dirán, a quedar mal o a perder el propio poder. Cuántas veces en tu vida, a lo largo del día, ves la acción de Dios haciendo rodar la piedra de tantos sepulcros y, sin embargo, prefieres seguir viviendo en la tibieza y mediocridad de quien no quiere creer para no complicarse la vida.

miércoles, 1 de abril de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

"He deseado comer esta pascua con vosotros” (Lc 22,15).

El Verbo hubo de hacerse carne para tener deseos a la medida humana. Hasta entonces sólo conocía los deseos a la medida divina, esos que anidaban en lo más íntimo del seno trinitario, en el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. Pero el Verbo hubo de hacerse carne para que los deseos de Dios cupieran también en el corazón pobre y quebradizo de los hombres. Aquel ardiente deseo de Cristo por celebrar la Pascua con sus discípulos escondía en la diminutas dimensiones de lo humano la sed y el anhelo eterno de ese corazón de Dios tan enamorado del hombre. Detrás del deseo de Cristo por celebrar la Pascua e instituir en ella la Eucaristía, estaba ese otro deseo mucho más profundo y amado que era hacer la voluntad del Padre. Pero estaba también el deseo de ti, pues nada de cuanto hizo el Señor en aquella Pascua y en toda su pasión sucedió sin que tu no estuvieras muy dentro de su alma.
Has de agrandar tu deseo de Dios a la medida del corazón de Cristo, si no quieres sucumbir a la tentación de la mediocridad y de un cristianismo ramplón y cumplidor. No hay amor allí donde dos enamorados no se buscan. Mira si en tu vida diaria buscas las cosas de Dios por encima de tus propios intereses, si no escatimas tu tiempo y tu alma para esa intimidad y compañía que Dios te pide. Si no buscas a Dios y deseas estar con El, quizá es que tu corazón politeísta está lleno de otros diosecillos que intentan usurpar el puesto que a Dios le corresponde. A la medida de tu deseo de Dios así será también la grandeza de tu alma y tu capacidad de Dios.

lunes, 30 de marzo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

María rompió el frasco de alabastro

En el culto de Israel, la vasija de barro en que se cocía el animal de los sacrificios era quebrado y roto después de la ofrenda. María de Betania había visto muchas veces romper aquellas preciosas vasijas que se habían utilizado en los sacrificios del Templo. Aquella tarde de cena, intuyendo con fina sensibilidad el peso y la congoja que el Maestro traía en el corazón, quiso acoger y consolar a su huésped con aquel precioso y exquisito perfume de nardo puro. No quiso entregárselo gota a gota sino que rompió ante todos el valioso frasco de alabastro bellamente tallado y ungió con el perfume la cabeza del Señor. El Maestro quedó sobrecogido y profundamente conmocionado por aquel gesto tan delicado y sencillo con el que aquella mujer estaba anunciando la pasión del Señor. Muy pronto habría de romperse esa otra preciosa vasija de alabastro, que era el cuerpo de Cristo, en la que había de ofrecerse la verdadera víctima y el verdadero sacrificio, para que el perfume del Verbo, el Espíritu Santo, impregnara todo del buen olor de Cristo.
Sólo si el frasco se rompe puede salir el perfume que hay en su interior. Pero, fascinados por la belleza de lo externo y aparente, nos olvidamos, quizá, de que la verdadera riqueza está en el interior. Cuántos de nosotros preferimos entregar a Dios sólo un poco de nuestro tiempo, inteligencia, dinero o actividad, sin dejar que el verdadero frasco de alabastro se rompa, porque es lo que para nosotros tiene más valor. Hay que romper sobre todo nuestro interior, ese rico alabastro del alma que esconde y guarda lo más precioso de ti. Eso es lo que has de entregarle a Dios si quieres ser una pequeña Betania para Él. Pero ¿te has preguntado alguna vez qué tipo de perfume saldrá de tu alma si rompes tu alabastro?

domingo, 29 de marzo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Domingo de Ramos. “La gente extendió sus mantos por el camino” (Mt 21,8)

Otros, dice el evangelista, cortaban ramas de los árboles y las tendían sobre el suelo para que pasara sobre ellas aquel pollino que llevaba sobre sus lomos al Señor. Así, entre las aclamaciones y la euforia de las gentes, entró Jesús en Jerusalén. Aquel día los apóstoles se sintieron más orgullosos que nunca de su Maestro pues, por fin, toda la gente hablaba bien de ellos, se había extendido la fama y el poder de sus milagros y había llegado ya el reconocimiento público de aquel que era del linaje real de David. Viendo a casi toda la ciudad de Jerusalén aclamando al Maestro de aquella manera, los discípulos pensaron que, por fin, había llegado el momento de hacer carrera y decidirse ya de una vez a seguir a aquel Maestro que tan buen futuro parecía prometer.
A ti y a mi también nos resulta hermoso y atractivo el cristianismo cuando todas las cosas van a nuestro favor, todos nos entienden, nadie nos critica y parece que avanzamos caminando sobre una alfombra roja de reconocimiento y aplauso. Quisiéramos incluso que así fuera siempre nuestra vida cristiana y pensamos que cuando hay adversidades, dificultades, pruebas, dudas o luchas, Dios se ha escondido, nos ha dejado de su mano, es incapaz de cambiar la situación o, incluso, puede que ni exista. Nuestra continua tentación siempre será detener el evangelio en aquel momento de la entrada de Cristo en Jerusalén y arrancar las páginas que siguen, porque hablan de pasión, de Getsemaní, de flagelación y de Cruz. Y no nos damos cuenta de que arrancaríamos, entonces, las páginas que siguen, las más bellas del evangelio, que son las que hablan de resurrección y de gloria. No busques éxitos y triunfos humanos, fama y buena opinión de los demás, ni quieras un cristianismo de alfombra roja. Más bien, duda de esa bonanza en la que todo el mundo hable bien de ti, no sea que detrás de tantas alabanzas y adulaciones, descubras que, para muchos, no eres más que un vulgar pollino.

viernes, 27 de marzo de 2015

CAMBIO DE DIA DE LA SABATINA

Como todos sabéis, todos los primeros sábados de cada mes, tiene lugar en nuestra parroquia, sabatina en honor de Ntra. Sra. del Rosario Coronada. Pues bien, debido a la coincidencia del primer sábado del mes de abril, con el sábado de gloria, la sabatina correspondiente a éste mes, se traslada al siguiente sábado día 14 de abril, en los mismos horarios: 19h. Rezo del Santo Rosario y a las 19.30h. Celebración de la Eucaristía, presidida por nuestro director espiritual, D. Carlos Acosta Romero.

LA JUNTA DE GOBIERNO.

UN RATITO CON EL SEÑOR

Los trastos del alma

A veces, nuestra oración se parece a un armario lleno de trastos desordenados. Se nos agolpan en la cabeza todas las preocupaciones del día, repasamos las tareas que tenemos pendientes, las idas y venidas de la jornada, nos pueden las distracciones y el cansancio. Cuando nos quedamos quietos y en silencio es, quizá, cuando más resuena en nuestro interior el eco de ese ruido y alboroto, que nos ha dominado durante los trajines del día. Y, cuando nos damos cuenta, nos vence el desánimo porque, un día más, hemos llenado la oración de nuestras cosas, pero no de Dios. Es el momento de aceptar esa oración, tan llena de mundo que, a veces, es la única que podemos hacer. No pretendas que reine el silencio en tu interior, si a lo largo del día no has buscado momentos en los que elevar el corazón a Dios, ofreciéndole tu actividad, tu gratitud, tu amor, tu confianza, tus caídas o fracasos.
Hay que parar el alma y devolverle ese sosiego interior, que necesita para no dejarse arrastrar y arrebatar por las ambiciones y activismos, que nos dominan durante el día. Tu alma ha de ser, más que un armario trastero, un cofre precioso donde guardes con exquisitez esa presencia divina que siempre te acompaña dentro, aunque tú estés vertido hacia fuera. Tu conversación, tu trato, tu mirada, tus actitudes, tu saber estar, todo en ti sería mucho más parecido al ser de Cristo, si cuidaras esa presencia dulce y suave de Dios en tu alma. Así, a lo largo del día, irás preparando el clima de intimidad que, después en tu tiempo de oración ante el Sagrario, tanto te dispone para hablar con Dios y escucharle en tu interior. No escatimes esfuerzos para poner el corazón, una y otra vez, en Dios, en quien debe estar tu único tesoro.

jueves, 26 de marzo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

Se nos va la fuerza por la boca.

Toda la riqueza interior que acumulas en tu tiempo de oración, en tus Eucaristías, en tu trato con Dios, se te puede evaporar con rapidez cuando no gobiernas y dominas tu lengua. Es difícil no hablar con ligereza y superficialidad, saber ponderar comentarios o evitar críticas apresuradas y valoraciones innecesarias cuando el corazón no está lleno de silencio interior. Si llevas dentro mucho ruido de afectos desordenados, de pensamientos vanidosos, de prisas y activismos, de dudas y tentaciones, de inquietudes, de excesivas preocupaciones, de rencores, tu hablar será igualmente ruidoso y desordenado. Y con ese ruido alocado en el alma es lógico que pienses que Dios no te habla, que no le ves, que está lejos de ti, que no te escucha.
Una forma de hacer silencio interior es cuidar y ponderar lo que hablamos y decimos, sobre todo cuando la precipitación, la ira o el excesivo entusiasmo nos hacen decir cosas de  las que –la mayoría de las veces– terminamos por arrepentirnos. Aprende a ser discreto, cauto y ponderado en el hablar, porque, una vez que la caja de Pandora se ha abierto, es imposible volver a encerrar en ella todos los vientos que se escaparon. Aprende de los silencios y del hablar de Dios. Contempla a menudo tantos silencios de Nuestro Señor, mucho más abundantes en su vida que sus palabras y sus milagros. Aprende de esos fecundos silencios de nuestra Madre, que acompañaban tan de cerca los silencios del Hijo. Pídele a san José que te enseñe y ayude a vivir el silencio, como él lo vivió: lleno de contemplación, junto a María y a Jesús. Cuanto más vayas llenando de Dios tu corazón más buscarás tu silencio interior. Empezarás, entonces, a hablar el verdadero lenguaje, el de Dios, y tu vida ya no podrá callarle.

miércoles, 25 de marzo de 2015

UN RATITO CON EL SEÑOR

“Y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14)

El tema de la “carne” es uno de los más debatidos a lo largo de la historia de la humanidad. Han existido diversas posturas filosóficas, ideológicas o prácticas. Desde aquellos que veían en la carne una cárcel para el espíritu, hasta los que la han exaltado hasta convertirla en un ídolo con el que alcanzar bienestar, placer, satisfacción, etc.
También en la historia de la Iglesia se han formulado pensamientos y actitudes dispares. Unos han apelado a la apariencia carnal de Jesucristo, pues lo único real era su espíritu. Otros han llegado a reducir a Cristo a lo estrictamente humano, olvidando su condición divina. Entre una y otra postura, todo tipo de interpretaciones.
Lo admirable del Evangelio es la sencillez con que Dios se da a conocer en el mundo. Dios hecho carne, la persona del Verbo, el hijo de Dios, se hace uno de nosotros para experimentar en la humildad de esa carne la gloria del Todopoderoso. Sin embargo, no se reserva nada, se nos da enteramente, para que también en nuestra propia carne seamos partícipes de esa intimidad divina. Ese “habitar entre nosotros” no es un añadido más, sino que es el reconocimiento de que nuestra carne forma parte de lo más digno que hay en el ser humano, es decir, también en ella estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Siendo Él puro espíritu, la Palabra se hizo carne y nos elevó a ese orden sobrenatural… Por toda la eternidad.